Scooter eléctrico: micromovilidad para la última milla

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El futuro ya se abre camino en nuestras carreteras con un zumbido continuo: un scooter eléctrico por aquí, una e-bike por allá… La movilidad eléctrica se une a la micromovilidad. Pero ¿qué vehículo es el ideal? Explicamos los 6 conceptos más en boga.

8 de agosto de 2019

El futuro estará dominado por lo eléctrico: cualquiera que haya conducido un vehículo eléctrico (➜ Coches híbridos enchufables y otros eléctricos) sabe que no conviene perderse esa fantástica experiencia. La sensación de aceleración en un silencio casi total y siendo respetuosos con el medio ambiente habla por sí sola. Estas mismas ventajas las ofrecen también los pequeños vehículos, como un monopatín eléctrico o una bici eléctrica, y su número de usuarios y aficionados crece sin parar. Solo en España se venden más de 3.000 bicicletas eléctricas al día, según la Real Federación Española de Ciclismo, y la tendencia está al alza.

Estos pequeños vehículos eléctricos (el término especializado es PLEV, del inglés «Personal Light Electric Vehicles») vienen con una variedad cada vez mayor de formas: un «e scooter», un skate eléctrico, un monociclo eléctrico… Muchos ofrecen una buena solución para la última milla (➜ Fundamentos de la movilidad compartida), es decir, la distancia urbana más corta entre un aparcamiento grande y el centro de la ciudad o entre una estación y un hotel. Y todos ellos proponen una experiencia de conducción divertidísima.

Pero ¿qué tipo de vehículo eléctrico es el mejor para cada propósito? ¿Qué ventajas e inconvenientes ofrecen los distintos PLEV? Te presentamos los seis principales diseños de pequeños vehículos eléctricos y sus ámbitos de uso.

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Scooter eléctrico

el bólido para la última milla

¿Te van los patinetes? Son millones los niños de todo el mundo que contestarían a esta pregunta con un rotundo «síiii». Ya desde los tres años los más pequeños disfrutan con versiones modernas de este clásico, tomando curvas y avanzando a gran velocidad. Pues en este caso, dejemos que los niños sean un modelo para los adultos: si le ponemos un motor eléctrico, el patinete pasa a ser el medio de transporte ideal para ciudades bulliciosas en las que los trenes y los buses están atestados.

Una de las ventajas del patinete eléctrico (o «electric scooter») es que conducirlo es cosa de niños. Solo hay que subirse, activar el motor eléctrico (normalmente girando el manillar) y controlar la dirección. Y como la altura no es demasiada, las caídas duelen poco. El freno suele estar también en el manillar, con otro auxiliar en la rueda de atrás, que se activa con el pie. Un consejo: cuanto más grandes sean las ruedas, mayor será la comodidad y seguridad en la conducción.

Estos scooters son totalmente eléctricos, no disponen de ningún sistema mecánico auxiliar como las bicis eléctricas. Por tanto, su autonomía depende casi exclusivamente de la capacidad de la batería. En función del modelo, se pueden recorrer entre 10 y 50 km. Su flexibilidad en el día a día va en función de dos factores: sus dimensiones y su peso, que se sitúa entre los 7 y los 20 kg. Los modelos plegables son especialmente prácticos. Se pueden guardar fácilmente en el maletero y llevarse en el tren o el autobús.

Su límite máximo de velocidad no es solo una cuestión técnica, ya que la normativa a este respecto es específica de cada zona. El valor habitual es de 20 km/h. La necesidad de contratar un seguro o de llevar casco, además de qué vías utilizar (¿las aceras, el carril bici o la calzada?) son normas que varían de un lugar a otro.

Al fin y al cabo, un patinete, ya sea un scooter eléctrico o accionado con el pie como toda la vida, es algo muy práctico para el tráfico urbano, ya que permite realizar algunos trayectos que normalmente se hacen caminando o en metro. Y si sigues teniendo dudas sobre si es divertido usarlo, pregúntaselo a tus hijos.

CONCLUSIÓN:

Idoneidad para la ciudad    ###
Autonomía                              ##
Precio-servicio                     ##
Diversión
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Hoverboard

regreso desde el futuro

Era el medio de transporte de Marty McFly. El héroe de la película «Regreso al futuro» ya tenía un hoverboard a finales de los 80. Por aquel entonces, el concepto se refería a un monopatín volador. Hoy, los hoverboard se parecen mucho a los segway, pero sin manillar al que agarrarse.

En el hoverboard el usuario también activa el avance y la dirección del vehículo con su inclinación, aunque sin manos resulta mucho más difícil que en un segway. Por eso este tipo de PLEV son en la actualidad un divertimento más que un medio de transporte. Son todo un éxito especialmente entre los más pequeños: su fuerte es la maniobrabilidad, pero no tanto la comodidad (entre otras cosas, por esas ruedas de goma dura que les suelen poner).

La velocidad máxima del hoverboard alcanza los 15 km/h. El peso difiere en función del modelo (entre 10 y 14 kg), y su autonomía depende mucho de la batería (pero suele oscilar entre los 15 y los 20 km).

Gracias a su diseño compacto y a su peso reducido, el hoverboard es muy fáciles de llevar en otros medios de transporte. Otro de los puntos a favor es su coste: se pueden conseguir los modelos más baratos por unos 200 euros. A este respecto, solo los scooters eléctricos pueden competir con ellos.

CONCLUSIÓN:

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Autonomía
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BICICLETA ELÉCTRICA

mucho más allá de la última milla

Ha venido para quedarse: la bicicleta eléctrica lleva ya mucho tiempo consolidada en el tráfico urbano. Las «bicilecs» son una variante especialmente popular, en la que el motor eléctrico es únicamente una ayuda, por lo que hay que pedalear igualmente.

Una de las ventajas de la bici eléctrica es que si sabes montar en una bici normal, no tendrás problemas para usarla. Aun así, el arranque eléctrico y el hecho de que la velocidad que alcanzan suele ser mayor que la de las bicis convencionales requieren cierto dominio de las dos ruedas. La velocidad máxima está sujeta a la normativa local, pero suele ser de unos 25 km/h. A las bicis eléctricas que superan esa velocidad se las suele tratar como ciclomotores en términos legales.

La autonomía de las bicicletas eléctricas depende de muchos factores, en especial de la capacidad de la batería y del tipo de uso que se les dé. Por ejemplo, en las «bicilecs» se puede configurar qué grado de ayuda ofrece el motor eléctrico. Normalmente, la autonomía varía entre los 50 y los 100 km. Eso sirve de sobra para recorrer la última milla. Por eso las e-bikes sirven también para salir de excursión fuera de la ciudad o incluso para recorrer el trayecto completo al trabajo.

Dado su tamaño y su peso (entre 13 y 25 kg), las e-bikes no siempre son aptas para llevarlas en otros medios de transporte. Solo las bicicletas plegables con motor eléctrico se pueden guardar en espacios reducidos. Por tanto, si la comparamos con el scooter eléctrico, la bici eléctrica no complementa tanto a otros transportes, como el coche o el metro, sino que más bien los reemplaza.

Dado su potencial para ahorrar combustible o evitar costosos billetes de tren, las bicicletas eléctricas se amortizan rápidamente. Suelen costar (dependiendo de su modo de funcionamiento) entre 500 y 2.000 euros más que sus homólogas no eléctricas. Y como en las «bicilecs» hay que pedalear, ofrecen gratis una gran ventaja para la salud (aunque la ayuda del motor eléctrico evita que llegues sudoroso a la oficina o al cine).

CONCLUSIÓN:

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Monopatín eléctrico

con las manos y los pies

Aviso previo: para usar un monopatín no hay que ser un adolescente. Con esta actualización, su ámbito de uso ha cambiado completamente. Dejará de ser un juguete y un complemento deportivo para jóvenes y será una opción para que cualquiera recorra la última milla.

Con todo, montar en monopatín no es tan fácil como usar un scooter eléctrico para el consumidor medio. Hay que acostumbrarse a dirigirlo mediante el equilibrio corporal y a acelerar y frenar por control remoto. Además, la comodidad de uso deja que desear debido a la estructura del vehículo: como sus ruedas son relativamente pequeñas, la vibración y los impactos no se amortiguan bien.

La variabilidad del monopatín eléctrico es una de sus ventajas: no es demasiado difícil coger un skate usado y convertirlo en un monopatín impulsado por batería. También se le pueden instalar ruedas más blandas o duras, como prefieras. Su autonomía varía en función del modelo y el estilo de conducción, pero casi siempre se llega a los 20 km, lo que es suficiente para recorrer cada día la última milla.

Al igual que en el resto de vehículos eléctricos, el rango de precios es amplio, desde unos cuantos cientos de euros hasta bien entradas las cantidades de cuatro cifras. Aunque todos ellos tienen en común su excelente manejabilidad: puedes subirte al tren, sujetarlo debajo del brazo y seguir el viaje en transporte público.

CONCLUSIÓN:

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Segway

fácil de conducir, difícil de transportar

Inclinarse hacia delante y dejarse llevar: entender cómo funciona un segway lleva solo unos segundos. Este patinete giroscópico con motor eléctrico se mantiene en equilibrio gracias a sus sensores de inclinación. Si el usuario se inclina a la izquierda, avanza hacia la izquierda. Cuando se inclina hacia atrás, frena. Más sencillo no puede ser.

Sin embargo, los segways no son del todo prácticos. Aunque ofrecen una maniobrabilidad considerable, pueden ponerse a dar vueltas sobre sí mismos. Su peso, de más de 50 kg, restringe mucho su ámbito de uso. Llevarse el segway en el tren se antoja imposible, y un armatoste tan inmenso tampoco cabe en cualquier esquina del garaje.

La autonomía de este tipo de PLEV supera en más de 30 km lo necesario para la mayor parte de trayectos urbanos, y su precio oscila entre 400 y más de 2.000 euros. Esa podría ser también una de las razones por las que el segway suele alquilarse más que comprarse. Su principal ámbito de uso son las rutas turísticas guiadas. Además, en muchos países no está claramente regulado si se pueden usar los segways ni dónde (en el centro de algunas ciudades, como Praga, están incluso totalmente prohibidos). Por eso el segway no es recomendable como solución general para cubrir la última milla.

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Monociclo

redondo, práctico, bueno

La gente que va en monociclo parece que flota. Al fin y al cabo, este vehículo impulsado por batería mide menos de 50 cm de alto. El usuario se coloca sobre unos estribos plegables montados a derecha e izquierda del eje de la rueda. El monociclo se controla un poco como el hoverboard, inclinando tu peso corporal: para dar las curvas se necesita un poco de valentía, pero en cuanto le coges el tranquillo, te lo pasas de miedo.

Los monociclos también tienen un sitio reservado en el panorama del futuro de la movilidad urbana. Gracias a sus dimensiones compactas, su punto más fuerte es su maniobrabilidad. Los monociclos son más pequeños y manejables que los scooters eléctricos o las e-bikes. Por eso resultan idóneos para llevarlos en el transporte público (mucho más si se les pone un asa o un mango extensible).

Sin embargo, al igual que en los demás vehículos eléctricos, entra en juego la batería: y es que a pesar de su tamaño pequeño, los monociclos sin sillín llegan a pesar más de 10 kg. Su autonomía varía en función del modelo y el uso, pero suele estar entre los 25 y los 40 km. Es suficiente para la última milla. Podemos concluir que los monociclos tienen lo que hay que tener para hacer avanzar la movilidad sostenible, pero ¿cuánto cuesta este juguete? Hay que invertir al menos 300 euros en uno, y de ahí para arriba (como siempre, en cuestión de costes no suele haber límites superiores).

CONCLUSIÓN:

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Scooter eléctrico y compañía: diversión de serie

La autonomía de todos los vehículos que hemos presentado es suficiente para recorrer la última milla. Además, todos se pueden cargar fácilmente: o bien se extrae la batería (como en las e-bikes o algunos scooters) o bien se llevan los modelos más pequeños cerca de un enchufe para cargarlos allí (ese es el caso de los monociclos o los e-skate). Los criterios más importantes que los distinguen son las dimensiones y el peso, ya que son los que más determinan su utilidad en la vida cotidiana.

Independientemente de cuál sea el modelo por el que te decidas, hay algo que traen todos de serie: unos más y otros menos, pero todos son divertidos de conducir. Esto hace que los pequeños vehículos eléctricos sean la combinación perfecta para recorrer la última milla y pasarlo genial en el trayecto. Y si por cualquier cosa se te quedaran cortos, siempre puedes pasarte al coche eléctrico (➜ Coches híbridos enchufables y otros eléctricos) y seguir siendo considerado con el medio ambiente mientras recorres distancias más largas.

Ilustraciones: Holly Wales

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