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Aventura al límite: expedición a la Antártida

5 MIN DE LECTURA
La alegría para ellos es coronar una cima nunca antes escalada. La historia de los dos atletas de BMW Mountains Matthias Mayr y Matthias Haunholder y su viaje más extremo: una expedición freeride en la Antártida.
El frío te agarra del cuello como una mano invisible y no te suelta.
Matthias Haunholder

Freerider

El frío penetra con violencia en la tienda de campaña, un frío que se siente como una bofetada en la cara. Así es como se siente uno a las seis de la mañana en la Antártida. Pero hay peores maneras de despertarse. Matthias Mayr y Matthias Haunholder contemplan un horizonte infinito congelado y luego levantan la vista al cielo, totalmente despejado y sin la más mínima brisa. De nuevo.

Ambos intentan disimular su decepción y levantan el campamento. Es el sexto día de la expedición. Atan el material a los trineos, casi 100 kilos por cabeza. Y prosiguen su camino Paso a paso, los esquís les llevan más cerca de su destino: las montañas desconocidas del interior del continente.

No es nada nuevo que los freeriders y montañeros vayan en busca de montañas vírgenes, naturaleza y soledad. Pero, ¿viajar a la Antártida? ¿Un lugar tan virgen, solitario y extremo? Es verano en el polo Sur. Lo que significa que el mercurio ronda los 20 grados bajo cero. Si se desata una tormenta, la temperatura puede bajar hasta los menos 50 grados. Los aventureros han bautizado su expedición a la Antártida como «No Man’s Land», tierra de nadie. Han pasado ya 100 años desde las primeras expediciones y la Antártida sigue siendo tierra de nadie. En realidad es tierra prohibida para aquellos que no saben lo que les espera ni se preparan meticulosamente. Cualquier mínimo detalle que no salga como lo planeado puede poner tu vida en serio peligro. Especialmente aquí en el casquete glaciar interior, donde las cumbres se alzan hasta casi los 5.000 metros.    

Solo llegar a la Antártica parece ya una misión imposible

Solo llegar a la Antártica parece ya una misión imposible. Tras volar a Buenos Aires desde su hogar en Austria, recorrieron los 2.884 kilómetros que hay hasta el extremo más meridional de Sudamérica en un BMW X3 y una vez allí fueron en un avión especial hasta la Antártida. «Cuando se abrieron las puertas del avión», cuenta Matthias Haunholder, «nos recibió de sopetón la hostilidad del continente». Se encontraron en medio de una placa de hielo de 700 metros de espesor y partieron. Ya en la primera noche se dieron cuenta de la dureza de su aventura. «Las gélidas temperaturas no son un problema siempre y cuando estés en movimiento. En los descansos y por las noches, el frío te agarra del cuello como una mano invisible y no te suelta».

Llevan ultimando los preparativos de la No Man’s Land desde hace 15 meses. Han calculado con precisión todas las reservas de comida. En la cámara fría de BMW sometieron cada componente del equipamiento a una dura prueba para esta expedición en la Antártida. Los montañeros ya habían aprendido a hacer kitesurf en el sur de España. Ahora todo depende. El paisaje se extiende hasta donde alcanza la vista. Infinitos campos de hielo cuya monotonía solo se detiene ante imponentes y escarpadas montañas. «No tiene nada que ver con todo lo que habíamos visto hasta ahora», apunta Matthias Haunholder. «Como el aire es muy seco, tenemos una gran visibilidad y las montañas parecen estar el lado. Pero nos queda un largo camino hasta llegar a su base. No es de extrañar que allí se preparasen otros científicos para realizar expediciones a Marte».

Tras una semana el tiempo se convierte en su peor enemigo. Demasiado bueno. Si soplase el viento podríamos utilizar el kite y avanzar 3 o 4 veces más rápido. «En una expedición es fundamental para sobrevivir poder ver siempre el lado positivo. Si no sopla viento esperamos al menos que la nieve en las montañas esté blanda y no helada». 

Al octavo día de la expedición lo consiguen. Han llegado a las estribaciones de la cordillera interior antártica. Aparcan los trineos, montan el campamento base y cambian los bastones de esquí por los piolets para comenzar la ascensión. Rápidamente se dan cuenta de que dado el buen estado de la nieve, van a tener menos problemas de lo esperado. Pero en su lugar aparece un nuevo peligro: los aludes. «Ya en nuestra primera salida se desprendió una ladera entera, debíamos extremar las precauciones».

La parte más emocionante del viaje es siempre la más peligrosa. Si te caes en los Alpes puedes lesionarte y el rescate puede ser complicado, pero en la Antártida una lesión puede suponer un gravísimo problema. «En una expedición estás constantemente en modo de supervivencia. Siempre atento para detectar cualquier peligro, pero haciendo un uso eficiente de tu energía».    

La parte más emocionante del viaje es siempre la más peligrosa

Cuando culminan la primera ladera se olvidan ya de todo el esfuerzo. La nieve es una maravilla y la bajada un sueño. «Allí abajo las montañas son simplemente increíbles. Muchos piensan en la Antártida como un lugar llano con desiertos infinitos, pero la cima más alta supera al Mont Blanc. A pesar de encontrar nieve en condiciones desfavorables, también pudimos esquiar por una de la mejor nieve que he visto jamás», cuenta Matthias Mayr. Han demostrado que es posible esquiar al más alto nivel en estas inhóspitas montañas. Donde la mayoría de esquiadores de riesgo experimentados solo vería condiciones adversas, demasiado hielo y demasiado extremo, ellos encuentran de repente nieve en polvo y unas bajadas impresionantes. Ya tienen suficientes tomas de la expedición como para grabar una película. Es una sensación increíble poder bajar por una pared en el fin del mundo con una inclinación de más de 60 grados», afirma Matthias Mayr. Practicando freeride cerca del polo Sur, llevándolo al límite, lejos de casa. «Parece surrealista estar encima de una montaña y mirar hacia los glaciares infinitos y ver donde empieza el casquete polar. No se puede describir con palabras».

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Trasfondo:
Matthias Mayr, nacido en 1981, y Matthias «Hauni» Haunholder, en 1979, son dos profesionales austriacos del freeride y atletas de BMW Mountains que se han hecho famosos por sus espectaculares expediciones en esquí a las regiones montañosas más remotas. Durante su viaje a la Antártida les acompañó el cámara Johannes Aitzetmüller, con quien ya han filmado películas como «The White Maze» (El laberinto blanco), o «Auf den Spuren der Ersten» (Tras las huellas de los pioneros). La película «No Man’s Land» llegará a los cines en otoño de 2018.

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