Paparruchas y alegría

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Ya se sabe que al famoso actor de Hollywood, Christoph Waltz, no le entusiasma la Navidad. Sin embargo, en la nueva película navideña de BMW, logra que disfrutemos de las fiestas y nos hace sonreír. Charlando con Waltz descubrimos lo que le produce alegría y que tiene una relación más estrecha con BMW que con la Navidad.

20 de diciembre de 2021

BMW Christmas Film con Christoph Waltz

Consumo eléctrico 23,0–19,3 kWh/100km (WLTP)
Autonomía eléctrica (WLTP) 372–631 km

Como tantas cosas en la vida, no se puede describir con pocas palabras la relación de Christoph Waltz con la Navidad. La película navideña de BMW protagonizada por el ganador de dos Óscar nos presenta esta ambivalencia de una manera divertida.

Christoph Waltz se interpreta a sí mismo en la película de BMW. Aparece como una especie de «Grinch moderno» que no quiere asistir a la fiesta anual de Navidad de BMW. Lo único que desea hacer en el Vierzylinder de Múnich, la sede de BMW, es volver a reunirse con Oliver Zipse, CEO de BMW. Pero al huir de un compañero ataviado con un gorro de Papá Noel, termina sin querer en la misma fiesta.

Uno de los actores más famosos de habla alemana hace gala del espíritu festivo en la película navideña de BMW.

Se confunde entre la multitud, disfruta del buffet y empieza a charlar con los invitados. Waltz es un rostro conocido en BMW, ya que se unió a Oliver Zipse para el estreno mundial de diseño del BMW iX en 2020 (➜ Leer más: Christoph Waltz descubre el BMW iX). Justo cuando parecía que Waltz estaba disfrutando del espíritu navideño, se le escucha citar al célebre personaje de Ebenezer Scrooge de la novela de Charles Dickens «Cuento de Navidad» profiriendo un: «¡Paparruchas!». Con esa frase Waltz deja claro lo que de verdad piensa de la Navidad. Sin embargo, la película termina con Waltz abandonando el Vierzylinder con una sonrisa en los labios al acercarse a un BMW iX. ¿El espíritu festivo se apoderó de él finalmente?

«El espíritu navideño en sí mismo no es tan malo», señala Waltz, «y cuando puedes conducir un vehículo tan cómodo y atractivo como el BMW iX, no puedes quejarte». Si se le pregunta qué piensa el verdadero Christoph Waltz de la Navidad, queda claro que la película se acerca mucho a la realidad. Hay que recalcar que el verdadero Waltz resulta mucho más simpático que el Grinch. Además, Waltz sabe desenvolverse con el elegante estilo clásico del vals sin perder la compostura.

Alegría

todo el año
Durante su visita al Vierzylinder de Múnich, Christoph Waltz se encuentra por sorpresa con Supercar Blondie.

Las laderas austriacas de los Alpes, los mágicos paisajes nevados y las reuniones a la luz de las velas son algunos de los recuerdos navideños más entrañables de su infancia. ¿Y hoy? «Hoy no queda mucho de los valores tradicionales de estas fiestas. Por eso intento evitar el consumo excesivo y esta búsqueda irreal de armonía». Su receta para superar sin problemas las ajetreadas fiestas navideñas es sencilla: «Desconectar, olvidar cualquier expectativa y disfrutar del tiempo de paz entre un año y otro».

Sin embargo, hay una cosa que Waltz aprecia de la Navidad: el deseo de dar y extender la alegría. Esto es algo que debería ocurrir durante todo el año, porque la alegría se encuentra en muchos momentos de nuestro día a día. La alegría es un término que BMW conoce muy bien.

La película termina con Waltz abandonando el Vierzylinder con una sonrisa en la cara al acercarse a un BMW iX.

A continuación, Waltz nos revela lo que personalmente siempre le transmite alegría: «Observar un movimiento elegante y fluido. Fred Astaire bailando, un caballo de doma galopando o un corredor en el parque avanzando totalmente relajado. Para mí, cuando algo o alguien se mueve sin obstáculos, transmite una sensación de libertad que se traduce en alegría. Creo que esa es también la razón por la que el Christoph Waltz de la película sonríe al final cuando aparece el BMW iX».

Waltz y BMW comparten recuerdos que se remontan a muchos años atrás y la Navidad es, al fin y al cabo, una cuestión de recuerdos compartidos. El actor pasó parte de su infancia en Múnich. Era exactamente la época en la que los coches ocupan un papel importante en la vida de un niño. Para Waltz, eran el único medio de transporte verdadero. No porque lo llevaran físicamente de A a B, sino porque lo transportaban en espíritu al mundo de los adultos. Así que era natural que de niño en Múnich se identificara con la marca BMW.

«Todavía hoy conservo esta conexión con BMW, probablemente porque como humanos tendemos a almacenar los recuerdos y experiencias de la infancia, en lugar de eliminarlos. BMW es una marca de automóviles que me acompaña desde hace mucho tiempo», señala Waltz de todo corazón.

Con esto en mente, le deseamos a Waltz que sus bellos recuerdos de las laderas nevadas de los Alpes le acompañen para siempre, pese a su escepticismo navideño. ¡Feliz Navidad, Christoph!

Autor: Jelena Pecic; Fotos: David Daub; Vídeo: BMW