24 horas con la piel de gallina

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Las 24 horas de Le Mans se rigen por una regla muy simple:

El vehículo que haya recorrido la mayor distancia en 24 horas, gana. La prueba de resistencia definitiva para hombre y máquina. Año tras año, más de 250.000 espectadores entusiasmados acuden en masa a las 24 horas de Le Mans. Yannick Dalmas, antiguo campeón de Le Mans, nos revela lo que tanto fascina a la gente en la Super Bowl del automovilismo.

Inventadas inicialmente para probar la resistencia del material y exhibir tecnologías innovadoras, las carreras de 24 horas como en Le Mans o el Nordschleife de Nürburgring son hoy momentos estelares en el calendario automovilístico.

El que quiera ganar aquí necesita más que un coche potente o un piloto excelente. «Para ir a la cabeza, pilotos, mecánicos y asistentes deben trabajar codo con codo ya meses antes de la carrera. En la fábrica deben simularse situaciones de carrera, y el equipo completo debe desarrollar buenas vibraciones», afirma el legendario piloto de carreras Yannick Dalmas, que en 1999 fue el piloto vencedor del equipo ganador con el legendario BMW V12 LMR de 635 CV. «Desde el inicio, todos deben tener un único objetivo: ¡la victoria!»

4.967,991 km en 24 horas

¿Significa eso que Yannick Dalmas fue a todo gas durante 24 horas? La respuesta es: No, ni el atleta más entrenado lo aguantaría. En una carrera de 24 horas, el equipo siempre está compuesto por varios pilotos.

Por aquel entonces, Dalmas recorrió junto con otros dos pilotos, el compañero de equipo Pierluigi Martini de Italia y el alemán Joachim Winkelhock, unos increíbles 4.967,991 kilómetros, lo que, incluyendo las paradas en boxes, supone una velocidad media de 207 km/h. «Teníamos una estrategia fantástica, un vehículo fiable y tres pilotos plenamente concentrados todo el tiempo», recuerda Dalmas.

Le Mans te inculca respecto.
Yannick Dalmas

Circuit de la Sarthe: 85 % a todo gas

Circuit de la Sarthe

Hablando de la concentración: El Circuit des 24 Heures lleva a los pilotos de carreras al límite. «¡Le Mans es increíble!» El circuito te inculca respecto», afirma el experto. De los 13,626 kilómetros, los pilotos de carreras recorren nueve de ellos por carreteras rurales, y otros 4,5 por el asfalto del circuito de carreras Bugatti.

Y solo hay una regla: ¡A todo gas! Durante un 85 % del recorrido, los pilotos pisan a fondo el acelerador. Dalmas: «En cada vuelta, pones el tacómetro cuatro o cinco veces por encima de los 300 km/h. Día y noche. Y esto con muchísimo tráfico, que te obliga a calcular una y otra vez la trazada ideal». A modo orientativo: En 2018 hubo un total de 60 coches sobre el circuito.

El más mínimo fallo y pierdes el vehículo.
Yannick Dalmas

Espectaculares puntos clave

La recta Mulsanne, de seis kilómetros de longitud, es especialmente importante: un tramo de circuito casi completamente recto roto por dos chicanes. La velocidad más alta jamás alcanzada aquí es de 405 km/h. «A esas velocidades, elegir el momento correcto de frenado es un verdadero reto».

Pero el circuito en Le Mans no solo es famoso por sus tramos de gran velocidad. «En las curvas Porsche y la chicane Ford, todos los pilotos están muy tensos», reconoce Dalmas. Las altísimas velocidades se unen a tramos extremadamente técnicos. «El más mínimo fallo y pierdes el vehículo. Me encantan esos tramos».