En Japón no hay nada tan armonioso como los contrastes

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En Tokio es muy fácil desorientarse. Salvo que uno sepa exactamente por dónde tiene que ir, como Sachiko Tadami. En su camino, se mueve en una cultura en permanente equilibrio entre modernidad extrema y tradición. Es precisamente este contraste lo que convierte a Tokio en una de las metrópolis más fascinantes del mundo. Sachiko nos permite adentrarnos en su vida cotidiana, marcada por una constante alternancia entre lo ancestral y lo moderno – y que ella prefiere disfrutar al volante de su BMW 740e, un híbrido.

30 de julio de 2021

Tokio es una ciudad llena de vida en la que tecnologías innovadoras se mezclan con el profundo influjo de valores tradicionales para crear una dinámica excepcional. Sachiko se mueve por la ciudad día a día con su BMW 740e. Su híbrido enchufable simboliza la perfección que surge al combinar fuerzas motrices tradicionales y modernas. Entre las corrientes de un mundo cambiante, Sachiko siempre encuentra oasis de tranquilidad. Al aire libre en la naturaleza, refugiándose en las artes japonesas o a través de su pasión, la natación. Pero siempre halla calma, sobre todo, en su interior.

Perfección

Alcanzar la perfección exige tiempo, serenidad y una voluntad de hierro. Algo de lo más normal para la japonesa Sachiko. «El amor por la perfección está arraigado en nuestra cultura», explica. Eso no solo se aplica a su trabajo de dentista, sino también a las artes japonesas que Sachiko integra en su vida cotidiana. Una delicada pincelada sobre un lienzo, una hoja cuidadosamente doblada en un arreglo floral de ikebana, un corte preciso de la piel del pescado en un plato de alta cocina. Todo está en movimiento hacia una perfección constante.

Modernidad

En medio de todo, el fascinante Tokio que electriza. En el corazón del barrio de Shibuya se encuentra el cruce de peatones más transitado del mundo. Aquí, donde varios miles de personas atraviesan los pasos de cebra con cada luz verde del semáforo, se solapan las impresiones que producen los gigantescos letreros luminosos, la música alta y los sonidos estridentes de los salones recreativos de varias plantas. De hecho, en el bullicioso núcleo urbano, Tokio parece discurrir en múltiples niveles. Modernos y ultratecnológicos complejos de rascacielos se alzan hacia el cielo, trenes abarrotados serpentean entre los edificios sobre las cabezas de los peatones, mientras que autobuses y automóviles hacen lo propio por las calles. Al volante de uno de esos vehículos está sentada Sachiko. Está acostumbrada al ajetreo y le entusiasma la tecnología que forma parte de su vida diaria. «Tenemos fama de estar más avanzados tecnológicamente que otros. Y a mí me encanta incorporar estas nuevas tecnologías a mi vida», explica mientras circula con confianza por la ciudad en su PHEV.

Tradición

En Japón, las influencias de culturas ancestrales se entrelazan con elementos de los nuevos tiempos. Son onmipresentes y sostienen la aparentemente infatigable modernidad. Sachiko también deja conscientemente espacio a lo tradicional en su vida porque está convencida de que «combinar lo viejo y lo nuevo nos hace fuertes».

Quien piense que la tradición no es tan polifacética como la modernidad se equivoca: a menudo ha sido la tradición la que ha abierto nuevas perspectivas a una cultura. Basta pensar en el arte de la ceremonia del té, que es mucho más que verter agua sobre unas flores. El mero acceso a una casa de té típica a lo largo de un sendero sinuoso – nunca en línea recta – ya es fuente de calma. Mientras uno se acomoda en el tatami y deja vagar la mirada por el verde intenso del jardín, llega a comprender por qué el ajetreo aparentemente desasosegado de Tokio no hace perder el equilibrio a sus habitantes.

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Armonía

Cuando reflexiona sobre su rutina diaria, Sachiko está segura de algo: «Nuestra mente necesita descansar». Por eso va a nadar regularmente. «El agua es la esencia de la vida. A mí me relaja y, al mismo tiempo, me llena de energía». Una cualidad que también puede apreciarse en el PHEV de Sachiko. A medida que los modos de conducción se suceden sin esfuerzo, el BMW Serie 7 circula unas veces con brío y otras se desliza sosegadamente sobre el asfalto. La autonomía nunca le quita el sueño, por lo que puede disfrutar de las ventajas de la movilidad eléctrica en su día a día.

Para Sachiko, lo que le ayuda a encontrar calma está profundamente arraigado en la mentalidad japonesa. «Traemos las tradiciones al presente para crear nuevas técnicas», explica. Así, por ejemplo, Sachiko es una apasionada del ikebana, el arte japonés de los arreglos florales. Esta manifestación artística sirve, por un lado, para acercar la naturaleza al espacio vital de las personas (ya sea en la ciudad o en el campo) y, por otro, como medio creativo para expresar los sentimientos de sus creadores. El ikebana representa la armonía entre la estructura lineal, el ritmo y el color. No solo se trata de las flores, sino de la interacción total entre el jarrón, el tallo, las hojas, las ramas y, finalmente, las flores.

Si lo aplicamos a la vida en el Tokio actual, la teoría de esta manifestación artística que se remonta al siglo VI no ha perdido ni un ápice de relevancia: la ciudad es una relación de armonía entre la estructura lineal, el ritmo y mucho color. Sachiko se ha procurado una rutina diaria en la que vive de acuerdo con esa misma filosofía: para ella, el resultado de combinar lo mejor de mundos distintos es la más bella armonía. También en la carretera, cuando se desplaza con su BMW 740e.

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Fotos: BMW; Autor: Jelena Pecic/BMW

Las cifras de consumo de combustible que aparecen en el vídeo se refieren al modelo del año 2018 del BMW 740e PHEV.

BMW 740e: Consumo combinado: 2,5 - 2,1 l/100km;
Emisiones de CO2 combinadas: 56 - 49 g/km